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EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA MASONERÍA ESPAÑOLA ..... y 1

1LLEGADA DE LA MASONERÍA A ESPAÑA

Contrariamente a lo que ocurre en gran parte de Europa, la masonería durante el siglo XVIII tuvo en España muy escasa -por no decir nula- vigencia. Y la razón es muy sencilla, pues tanto la Inquisición desde 1738,

como la autoridad real desde 1751, prohibieron y condenaron la masonería, y no permitieron su desarrollo en España.

La conclusión a la que se llega después de un desapasionado y riguroso estudio crítico es que la masonería no existió de una forma orgánica en la España del siglo XVIII, a pesar de la visión que de ella nos ha proporcionado hasta ahora la historiografía, tanto masónica, como antimasónica, de finales del siglo XIX y del XX, donde el papel desempeñado por la imaginación, el plagio y el apasionamiento ideológico es tan notable como opuesto a la más elemental crítica histórica. Así no es de extrañar la falta de unanimidad en los escasos datos aportados, cuya imprecisión, contradicciones y falsedad son de tan fácil contestación, como se puede comprobar en el caso de Carlos III y del Conde de Aranda, tal vez, los más representativos en este terreno, y de los que más se ocupan los autores, si bien no siempre con el acierto que era de esperar. Pues Carlos III es el único rey europeo del que se conserva testimonio escrito de su pensamiento y casi obsesión antimasónicos a través de su propia correspondencia que se remonta ya a 1751 cuando siendo rey de Nápoles prohibió la Masonería en aquel reino, como luego continuaría haciéndolo durante su reinado en España. Y del Conde de Aranda hay que recordar que no sólo no fundó la masonería española, ni fue su primer Gran Maestre -como algunos pretenden-, sino que ni siquiera fue masón.

Más que de una existencia organizada y continua de la masonería en la España del siglo XVIII hay que hablar de la presencia esporádica y sin mayor transcendencia de algunas logias que no tuvieron mayor importancia ni (a excepción de los territorios de ocupación británica: Gibraltar y Menorca) continuidad; o del paso de algunos masones extranjeros que no escaparon a la vigilancia y control de la Inquisición.

La primera logia de la que se tiene noticia en España fue la fundada, el 15 de febrero de 1728, por el duque de Wharton y un reducido grupo de ingleses que en aquellas fechas se encontraban en Madrid. Sin embargo no sería reconocida por la Gran Logia de Inglaterra hasta 1729 quedando registrada con el nº 50. Su título era French Arms, con sede en la calle de San Bernardo de Madrid. En algunos documentos figura como Three Flower de Luces (sic), Las Tres Flores de Lys, que era el nombre del hotel francés, situado en la calle ancha de San Bernardo donde se constituyó la logia. También es conocida como la Matritense, pues fue deseo de sus fundadores que se registrara con el nombre de logia de Madrid. Es considerada como la primera logia establecida en el extranjero y reconocida por la Gran Logia de Inglaterra. Las noticias de esta logia, integrada únicamente por ingleses, se pierden ya al año siguiente de su fundación. En 1768 fue borrada de la lista oficial al igual que otras 18 logias extranjeras que hacía mucho tiempo habían dejado de funcionar.

Su fundador, el duque de Wharton, coronel inglés al servicio del rey de España, moriría "en la fe de la Iglesia Católica Romana", el 31 de mayo de 1731, en el monasterio cisterciense de Poblet, donde fue enterrado. Tenía entonces 32 años.

La segunda solicitud del continente para constituir una logia masónica también salió de España, y más concretamente de Gibraltar, el 9 de marzo de 1729. Esta logia llamada Lodge of St. John of Jerusalem quedaría registrada con el n°51 - inmediatamente después de la de Madrid- como Gibralter Lodge. En 1730 la componían 20 ingleses. El primer nombramiento de un Gran Maestre Provincial del que se tiene certeza es el del capitán James Comerford, en 1731. Su designación fue para "Andalusía", que, como se
especifica en el propio texto de las patentes, comprendía la roca o fortaleza de Gibraltar y "lugares adyacentes".

En 1722 un grupo de súbditos de los Países Bajos, encabezados por Wulf, originario de Gante, y por Colin, abanderado de los Guardias Walones de Su Católica Majestad en España, constituyeron en Madrid una logia por mediación de La Discréte Impériale de Alost, dependiente del Gran Maestre Provincial de los Países Bajos, habida cuenta que todos los componentes de dicha logia eran originarios de los Países Bajos, y estaban censados y tenían domicilio en aquel país, aunque accidentalmente estaban al servicio de su Católica Majestad.

Unos años antes, hacia 1755, hay constancia de que en Cádiz un grupo de franceses e ingleses -algunos de ellos iniciados en Gibraltar-, tuvieron varias reuniones masónicas antes de ser delatados a la Inquisición. Otro tanto se sabe de Barcelona, donde algunos militantes franceses e ingleses, por los años 1750-51, también tuvieron algunos encuentros e incluso iniciaciones en la Hostería de la Fonda, y en una casa de la plaza de San Francisco. Reuniones masónicas que en ninguno de los casos llegaron a la constitución de logias regulares adscritas a alguna de las Grandes Logias del extranjero.

Ante la pregunta de si hubo masonería en la España del XVIII la respuesta, hoy por hoy -al margen de tópicos tan fáciles como falsos-, es que no. Se detectan sí algunas reuniones o presencia de masones extranjeros, sobre todo comerciantes y militares al servicio del rey de España, la mayor parte iniciados en el extranjero, y que, al enterarse que la masonería estaba prohibida en España, acudieron en su mayoría a delatarse voluntariamente ante los tribunales competentes.

Los datos procedentes de los diversos tribunales de la Inquisición de España y de los territorios de ultramar, en especial el de la Inquisición de Corte, y los de las Inquisiciones de México y Lima, coinciden con esta apreciación, pues se refieren a denuncias, en la mayor parte de los casos de extranjeros que estaban de paso, y que habían sido iniciados fuera de España. Basta recordar, por ejemplo, el proceso inquisitorial seguido contra el pintor veneciano Felipe Fabris, quien había vivido en Barcelona y Cádiz. En varias ocasiones repitió en sus declaraciones que "España era el único país donde no existía la masonería". De hecho en la relación de logias publicadas en 1787, existentes en esa época en todo el Universo, hay que consignar que España no figura; de la misma forma que en la lista de Grandes Logias Provinciales de obediencia inglesa de 1796 tampoco existe más referencia a España que la de Gibraltar.

Benito Pérez Galdós que tanto interés mostró en sus Episodios Nacionales por el tema de la masonería, se manifiesta de un modo tajante: "Yo tengo para mí que antes de 1809, época en que los franceses establecieron formalmente la masonería, en España ser masón y no ser nada era una misma cosa. Y no me digan que Carlos III, el Conde de Aranda, el de Campomanes, y otros Célebres personajes eran masones, pues como nunca los he tenido por tontos, presumo que esta afirmación es hija del celo excesivo de aquellos buscadores de prosélitos, que, no hallándolos en torno a sí, llevan su banderín de recluta por los campos de la Historia, para echar mano del mismo padre Adán, si le cogen descuidado".

 

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