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EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA MASONERÍA ESPAÑOLA ..... y 4

4EL RESURGIR DE LA MASONERÍA

El año 1868 es una fecha clave en la historia de la masonería española, pues tras la revolución de septiembre y la caída y expulsión de los Borbones, se alcanzan una serie de libertades, como la de reunión y expresión que llevaron a una profunda transformación social.

La masonería española cesó de ser perseguida, lo que permitió un florecer y resurgimiento de la misma después de tantos años de represión policial y trabas gubernamentales.

Sin embargo al organizarse la masonería española inmediatamente se manifestaron los protagonismos personales y la falta de unidad, constituyéndose muy pronto, al menos, cinco grupos u obediencias distintas; a saber: el formado por las logias que dependían del Grande Oriente Lusitano Unido; el de los masones que se agruparon en torno a Ramón Mil Calatrava como Gran Maestre del titulado Grande Oriente Nacional de España; el compuesto por aquellos masones que quisieron organizar la masonería sobre bases más democráticas y racionales, y que fundaron un Gran Oriente de España, eligiendo para Gran Maestre al acaudalado comerciante Carlos C. Magnan y Clark. En Sevilla, pocos años después, se agruparon algunas logias antes dependientes de Lisboa, constituyendo una Gran Logia Independiente Española. Mientras tanto en Barcelona se intentaba la unión de las logias de Cataluña creando un cuerpo intermedio intitulado Gran Capítulo Catalán.

En otras partes se formaron pequeños grupos disidentes o independientes y se resucitaron algunas logias francesas en Gijón, Barcelona y Cartagena, que tras depender del Grande Oriente de Francia se fueron integrando en las diversas obediencias españolas.

EL GRANDE ORIENTE LUSITANO UNIDO

El Grande Oriente Lusitano en 1868, transformado en Grande Lusitano Unido en 1869, con sede en Lisboa, fue una de las obediencias masónicas que más influyó en la difusión de la masonería en España a raíz de la revolución de 1868 y subsiguiente Constitución liberal de 1869. Entre 1868 y finales del siglo XIX son un total de 83 las logias españolas que dependerán de Lisboa. Logias que, ante la anarquía masónica existente en España derivada de la rivalidad de obediencias, eran las únicas que se consideraban regulares.

Respecto a su distribución geográfica destaca con mucho Andalucía con 30 logias, seguido de Canarias con 10 y los dos núcleos urbanos de Madrid y Barcelona con 13 logias en cada caso.

Por lo que respecta a la separación del GOLU observamos tres fechas claves: la de 1871 en la que 12 logias abandonan el GOLU; a partir de la crisis de 1878 cuando 25 logias hacen lo propio (20 en 1879 y 5 en 1880); y finalmente en 1886, fecha a partir de la cual alrededor de 17 logias siguen el mismo camino.

De estas fechas la que provocó una mayor crisis fue la de 1878 cuando fueron reformadas las Constituciones del GOLU en un sentido nacionalista que resultó ofensivo para los españoles. Cuando fue aceptada esta decisión por el GOLU el número de logias españolas dependientes de dicho Gran Oriente era de 45 frente a sólo 26 portugueses, es decir, que el 64,58 por ciento de las logias eran españolas y sólo el 36,32 por ciento portuguesas.

No pocas de estas logias disidentes se reunieron en asamblea en Sevilla constituyendo el germen de un nuevo centro u obediencia masónica, a nivel nacional, que se inició con el título de Confederación Masónica del Congreso de Sevilla, y que dos años más tarde, en 1880, al aprobarse las Constituciones pasaron a denominarse la Gran Logia Simbólica Independiente Española con sede en Sevilla, a la que se fueron incorporando gran parte de las logias que hasta entonces habían dependido del Grande Oriente Lusitano Unido.

Viniendo a las obediencias estrictamente españolas, a partir de 1869 proliferaron una gran variedad de orientes, creándose casi simultáneamente al menos tres altos cuerpos que se denominaron Grande Oriente Ibero, Grande Oriente de España y Grande Oriente Nacional de España.

El Grande Oriente Ibero tuvo una vida muy efímera e inestable de alianzas y divisiones. No pasó de ser un proyecto fracasado, pues, en 1873, cuatro años después de su fundación, contaba con solo cuatro logias.

EL GRANDE ORIENTE DE ESPAÑA

Los orígenes del Grande Oriente de España, al igual que los de su más inmediato rival el Grande Oriente Nacional de España tampoco están suficientemente clarificados. El GODE proclamó el 21 de julio de 1870 como Gran Comendador y Gran Maestre a Manuel Ruíz Zorrilla, presidente del gobierno español, en sustitución del veterano Carlos Celestino Magnan y Clark.

La abdicación del rey Amadeo de Saboya y la proclamación de la primera República, el 11 de febrero de 1873, provocaron no sólo la salida al exilio del Gran Maestre del GODE, Manuel Ruiz Zorrilla, sino que influyeron fuertemente en la masonería acentuándose la división y la discordia. Ese mismo año de 1873 hubo una escisión dentro del Grande Oriente de España protagonizada por Juan Antonio Pérez, que constituyó su propio Gran Oriente.

El 1 de enero de 1874 Manuel Ruiz Zorrilla dimitió formalmente como Gran Maestre siendo elegido para sustituirle Juan de la Somera, quien tuvo que hacer frente a la crisis interna de la obediencia, derivada en parte de los propios acontecimientos políticos. El resultado fue que en diciembre de ese mismo año Juan de la Somera dio un decreto eliminando 35 logias que tuvieron que abatir columnas y entregar todos los sellos, documentos y demás objetos masónicos.

Como contrapartida, ese mismo año, Juan Utor, Gran Maestre del Grande Oriente Ibero se fusionó con el de España, iniciándose una nueva fase de prosperidad, que culminó el 7 de abril de 1876 al ser proclamado Gran Maestre del Grande Oriente de España Práxedes Mateo Sagasta, jefe del partido liberal y presidente del gobierno.

Nuevamente las logias empezaron a crecer y el número de masones alcanzó cifras desconocidas en España. Sin embargo, Juan de la Somera creó por su cuenta un tercer Grande Oriente de España de escasa importancia que acabaría desapareciendo a su muerte en 1881.

El 10 de mayo de 1881 sustituyó a Sagasta en el mismo cargo Antonio Romero Ortiz, ministro de Gracia y Justicia, quien el 30 de enero de ese mismo año había ingresado en la Real Academia de la Historia como miembro de número. Al morir prematuramente cubrió su vacante Manuel Becerra, antiguo demócrata y exministro, quien tomó posición de su cargo de Gran Maestre el 21 de julio de 1884. Tras su dimisión en 1886 quedó el GODE sumido en el desorden y anarquía consumándose una nueva división: el GODE encabezado por el senador Rojo Arias que apenas tuvo cuatro años de efímera y pobre existencia; y el dirigido por el también senador y catedrático de Historia de la Universidad de Madrid, Miguel Morayta, quien tras un intento de fusión en 1888 con el Grande Oriente Nacional de España del vizconde de Ros, acabaría constituyendo en 1889 el Grande Oriente Español. De esta forma con apenas un año de diferencia desaparecen las dos ramas del Grande Oriente de España, y con ellas se puede asegurar que el GODE desapareció definitivamente de la historia de la masonería española a finales del siglo XIX, ya que la otra escisión del GODE, provocada unos años antes por Juan Antonio Pérez que creó una obediencia auto titulada Grande Oriente Legal y Regular de España, también desapareció en 1891. A pesar de que se llegó a auto adjudicar 136 logias simbólicas, de momento tan sólo han sido localizadas 77 logias de las que 18 se situaban en Cuba y tres en Filipinas.

En síntesis, se puede decir que el GODE, entre 1869 y 1889, aunque tuvo un tronco común, conoció diversas escisiones que, a excepción de la protagonizada por Pérez, apenas tuvieron mayor importancia, especialmente las de Somera y Rojo. En estos veinte años, el GODE oficial llegó a tener al menos 496 logias según el número correlativo del libro de Registros. De ellas 330 situadas en España y norte de África, y 106 en Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Lisboa. Solamente en Cuba hubo 85 logias dependientes del GODE. Por lo que respecta a las españolas por regiones Andalucía va a la cabeza con mucho, con 109 logias, seguida de Cataluña con 47 y la actual comunidad valenciana con 42. Por ciudades Madrid tuvo 38 logias, Cádiz 34, Barcelona 20 y La Habana 31. La vida de muchas de estas logias fue efímera, lo que hacía que periódicamente hubiera un reajuste incluso en la numeración para eliminar las que ya habían dejado existir y se habían fusionado o incorporado a otras obediencias.

 

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