Sigmund Freud, miembro distinguido de la Francmasonería Judía B'nai B'rith

26 Junio 2020 Escrito por Artículo 62
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La Francmasonería judaica, conocida como hijos de la Alianza o B'Naï B'Rith, ha contado con personalidades muy relevantes en muchos campos del saber y la política. Entre ellos destacan en el siglo XX Albert Einstein, creador de la teoría de la relatividad y el doctor Sigmund Freud, conocido por su método del psicoanálisis.

Freud perteneció a la masonería judaica

desde el año 1895, aunque no lo hizo público hasta su LXX cumpleaños, con un discurso leído en su nombre ante la sede del B'Naï B'Rith. Su relación con esta organización estuvo muy marcada después de la publicación de sus investigaciones.

Esta publicación provocó que todos sus amigos y colegas le abandonaran, de esta manera Freud solo encontró refugio con sus compañeros de hermandad. Freud era ajeno a toda religión, aunque se reconocía judío. Los miembros de la logia de Viena fueron los que organizaron un auditorio en el que Freud expuso sus teorías con un éxito que no había tenido hasta entonces.

Cuando la persona y la doctrina de Freud cayeron en pleno descrédito en los medios y ambientes científicos de Viena el B'Naï B'Rith fue el que movió los hilos para defenderle y lograr el renacimiento de su prestigio como psicólogo. Esta es solo la primera de las veces en las cuales iremos viendo como las organizaciones de origen masónico apoyan totalmente a sus miembros para que alcancen sus objetivos, el llamado principio de fraternidad.

Esta adhesión a la masonería judaica se entrelaza con la configuración definitiva del sionismo, al que Freud se adhirió inmediatamente, y al que están adheridos hoy en día todos los judíos relacionados con las altas finanzas.

Sigmund Freud, inventor del discutido pero difundidísimo psicoanálisis.

Sigismund Schlomo Freud (1856-1939) nació en una familia judía de Freiberg (Moravia), pero a los cuatro años fue con su familia a Viena donde hizo sus estudios y realizó la mayor parte de su actividad profesional. Estudió durante algún tiempo en París bajo la dirección del célebre doctor Charcot. Investigó los fenómenos relacionados con la histeria y la utilización del hipnotismo que luego abandonó por el psicoanálisis propiamente tal, que relacionaba la esencia de las neurosis y su curación con los impulsos sexuales enmascarados, reprimidos o sublimados. La nueva terapéutica, que luego se convirtió en doctrina aplicable a campos ajenos a la psicología, alcanzó un éxito resonante en todo el mundo, aunque los principales discípulos de Freud, Jung y Adler, le abandonaron para crear sus propias escuelas.

Al tomar los nazis el poder en Viena en 1938, Freud huyó a Londres.

No es éste el lugar para discutir las muy discutibles teorías y técnicas de Freud, sino para recordar la relación del psicólogo con el B'nai B'rith, que analiza luminosamente Emmanuel Ratier en su citado libro. En un discurso leído en su nombre ante el B'nai B'rith de Viena con motivo de su LXX cumpleaños, Freud revela su iniciación en la Masonería judaica poco después del año 1895, cuando a partir de la publicación de sus investigaciones, que desembocarían en el psicoanálisis, todos sus amigos y colegas le abandonaron y sólo encontró una cálida acogida y comprensión entre los miembros de la hermandad. Se reconoce judío, aunque ajeno a toda religión y recuerda que fueron los miembros de su logia los que formaron su primer auditorio, ante el que expuso sus revolucionarias ideas con éxito insospechado. Cuando la persona y la doctrina de Freud cayeron en pleno descrédito en los medios médico-científicos de Viena, sus hermanos del B'nai B'rith se encargaron de defenderle y lograron el renacimiento de su prestigio como psicólogo. Poco antes había nacido con su configuración definitiva el sionismo, al que Freud dio inmediatamente su adhesión. Muy aficionado de siempre al ocultismo y la magia estudió a fondo la tradición de la Cábala judía incluso en sus aspectos místicos y no es difícil encontrar rasgos cabalísticos en la investigación y en la doctrina freudiana, aunque completamente secularizados.

El primer discurso de Freud ante su logia de Viena versó precisamente sobre «la llave de los sueños» que es un tópico de la Cábala. Además de este rasgo existen varios elementos de la tradición judía en las entrañas del psicoanálisis. Los principales discípulos de Freud, con la excepción de Jung, eran judíos. Ello no significa que el psicoanálisis sea en exclusiva un saber judío, pero sí es cierto que no puede entenderse sin tener en cuenta sus elementos y sus raíces judaicas.

Dado el secretismo que parece congénito en la hermandad Francmasónica de los Hijos de la Alianza, estos datos que acabamos de ofrecer y que creemos comprobados constituirán seguramente una sorpresa notable incluso para muchos masones.

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