La Fraternidad

26 Junio 2020 Escrito por Trabajos/Planchas 81
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Y por último  ¡LA FRATERNIDAD!  “¡Palabra grande si es bien comprendida!, ¡Palabra sublime si es bien explicada! Dios me libre de decir que quien haya medido mal la altura de ella, tomándola en su acepción estrecha para aplicarla a los habitantes de una aldea, a los ciudadanos de una ciudad, a los hombres de un reino, sea un mal corazón. . .No, hermanos, no será sólo un espíritu mezquino

. Compadezcamos a los pobres de espíritu, tratemos de sacudir las sandalias de plomo de la mediocridad, despleguemos nuestras alas y coloquémonos por encima de las ideas vulgares. Cuando Satán quiso tentar a Jesús, lo transportó a la montaña más alta del mundo, desde la cúspide de la cual podía mostrarle todos los reinos de la tierra, y no a la torre de Nazareth, desde donde sólo podía hacerle ver algunos pueblos de Judea”.

“Hermanos: no es a una ciudad, ni siquiera a un reino a quien hay que aplicar la fraternidad; hay que extenderla a todo el mundo. Llegará un día, hermanos, en que esta palabra que nos parece sagrada, la patria, o esta palabra que nos parece santa, la nacionalidad, desaparecerán como esos telones de teatro que no bajan provisionalmente más que para preparar lontananzas infinitas, horizontes inconmensurables. Llegará un día, hermanos, en que los hombres, que ya han conquistado la tierra y el agua, conquistarán el fuego y el aire; en que atarán corceles flameantes, no sólo al pensamiento, sino también a la materia; en que los vientos, que no son hoy día más que los correos indisciplinados de la tempestad, se convertirán en los mensajeros inteligentes y dóciles de la civilización. Llegará un día, hermanos, en que los pueblos, gracias a esas comunicaciones terrestres y aéreas contra las que serán impotentes los reyes, comprenderán que están unidos unos a los otros por la solidaridad de los dolores pasados; que esos reyes que les han puesto las armas en la mano para destruirse entre sí, les han empujado, no a la gloria como les decían, sino al fratricidio, y que tendrán que dar cuenta a la posteridad de cada gota de sangre salida del cuerpo del más ínfimo de los miembros de la gran familia humana.

Entonces, hermanos, veréis un magnífico espectáculo desarrollarse a la faz del Señor; toda frontera ideal desaparecerá, todo límite ficticio será borrado; los ríos ya no serán un obstáculo, las montañas ya no serán un impedimento; de un lado al otro de los ríos, los pueblos se darán la mano y en cada alta cúspide se levantará un altar, el altar de la FRATERNIDAD.

¡Hermanos! ¡Hermanos! ¡Hermanos! Yo os lo digo, esa es la verdadera fraternidad del apóstol. Cristo no murió para rescatar tan sólo a los nazarenos.

Cristo murió para rescatar a todos los pueblos de la tierra. No hagáis, pues, de estas tres palabras:

LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD, solamente la divisa de Francia; inscribidla en el lábaro de la humanidad, divisa del mundo. . .Y ahora, idos, hermanos; vuestra tarea es grande; tan grande que, por cualquier valle de lágrimas o de sangre que paséis, vuestros descendientes os envidiarán la misión santa que llevaréis a cabo, y como aquellos cruzados que se renovaban siempre, cada vez más numerosos y más animados por los caminos que conducían a los Santos Lugares, no se detendrán, aunque con frecuencia, no reconocerán su camino más que por los huesos blanqueados de sus padres. . .¡Valor, pues, apóstoles!. . .¡Valor, pues, peregrinos!. . .¡Valor, pues, soldados de sus padres!. . .¡Apóstoles, convertid! ¡Peregrinos, andad!
¡Soldados, combatid!. . .”

“Cagliostro se detuvo, pero aunque no se hubiera detenido, los aplausos, los bravos y los gritos de entusiasmo lo hubieran interrumpido”.

“Tres veces se apagaron y otras tres veces se renovaron, resonando bajo las bóvedas de la cripta como una tempestad subterránea”. . .

“Luego, todos los hermanos, inclinándose a su vez ante aquel estrado en que, como otro Pedro el Ermitaño, el nuevo apóstol acababa de predicar la cruzada de la libertad, pasaron repitiendo la divisa fatal: LILIA PEDIBUS DESTRUE”.

“Al pasar el último, se apagó la lámpara”.

“Y Cagliostro quedó sólo, hundido en las entrañas de la tierra, perdido en el silencio y en la oscuridad, parecido a esos dioses de la India, en los misterios de los cuales pretendía haber sido iniciado diez mil años antes”.

EL MISTERIO DEL VALLE DE GIZEH Cáp. IV, LUIS SOTELO REGIL

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